Aparte de El gabinete del doctor Caligari, es relativamente difícil acceder al resto de la filmografía del director alemán nacido en Sachsen en 1880, uno de los principales fundadores del expresionismo alemán. La historia del film esta basada en hechos reales, pero la intervención del director en el guión fue decisiva para convertirlo en una obra maestra, que aunque en su época fracasó entre el público alemán, fue recibida con éxito en París y Nueva York. Sin la intervención de Robert Wiene en el guión  la estética del film se hubiera quedado en pretensiones formales, y no psicológicas cómo en efecto las tiene.

 

Lo primero que llama la atención del espectador en el film son los extraños decorados sobre tela siguiendo los presupuestos del expresionismo. Estos decorados contribuyen a construir un ambiente irreal y fantasmagórico. Los encargados del decorado rechazaron cualquier intención de reflejar la realidad y optaron por una representación irreal, que pone de relieve la estrecha vinculación entre el film y la pintura.

 

El maquillaje es imprescindible para la caracterización de cada personaje, ya que se remarcan las facciones. Los movimientos de los personajes se vuelven irreales debido a que son demasiado exagerados, lo que transmite con mayor fuerza la sensación de irrealidad.

En El gabinete del doctor Caligari  abundan los primeros planos que se consiguen con fundidos a negro de todo lo que rodea el punto sobre el que se quiere llamar la atención, consiguiendo  de esta manera crear una atmósfera opresiva y cerrada.

El gabinete del doctor Caligari es único en su género.